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Texaco Era

El precio del oro negro

 
Desde sus comienzos, el negocio del petróleo fue un asunto sucio para la población ecuatoriana. El legado tóxico de la compañía petrolera norteamericana Texaco es un triste ejemplo de desastre medioambiental.
En la década de los sesenta, Texaco firmó un contrato con el Gobierno ecuatoriano para la explotación de yacimientos petrolíferos en la zona norte del Amazonas. La compañía norteamericana construyó entonces las primeras torres de perforación y El Sistema de Oleoducto Transecuatoriano -SOTE- desde Lago Agrio a Esmeraldas en la costa del Pacífico.
Al no tener Ecuador hasta ese momento experiencia en el negocio petrolero, el Gobierno del país confió en la experiencia de Texaco a la hora de crear la infraestructura. Se pensaba que la compañía petrolera iba a utilizar los mismos estándares técnicos que en Estados Unidos y otros países. Sin embargo, la compañía decidió lograr un rendimiento de producción máximo con una inversión mínima.
 
Para no contaminar el medio ambiente, en Estados Unidos y otros países los derivados de la refinación del crudo como los deshechos tóxicos, aguas salinas contaminadas y residuos del petróleo se entierran a miles de metros de la superficie.
Pero Texaco no empleó en Ecuador tales medidas e introdujo aguas salinas de décadas altamente contaminantes en el frágil ecosistema. Con este método, la petrolera pudo ahorrarse, según los expertos, alrededor de tres dólares por barril de crudo, lo que a lo largo de sus 26 años de actividad se traduce en cinco mil millones de dólares. Los residuos y otras materias de deshechos se almacenaron en grandes contenedores abiertos.
 
Aún hoy existen 339 de estos depósitos en Oriente. Los estanques contienen las mayores sustancias causantes de cáncer conocidas hasta el momento: benzol y tileno; hoy por hoy, las sustancias tóxicas siguen desbordándose con regularidad de las orillas desprotegidas filtrándose en los alrededores. Además, la quema de grandes cantidades de gas y residuos del petróleo ha producido, consecuentemente, la aparición de lluvia ácida en la región, tristemente llamada en Oriente "lluvia negra".
Es la población de la entonces zona de explotación quien ha pagado el precio del irresponsable procedimiento ecológico por parte de la petrolera Texaco.
Incluso diez años después de la era Texaco, los ríos, especialmente las aguas del Río Napo, las corrientes y las zonas pantanosas están contaminados. Los pueblos indígenas y los colonizadores padecen problemas de salud y económicos debidos a las consecuencias de la polución. El significativo aumento de casos de cáncer, la disminución del crecimiento de plantas y de la población de peces, el declive en el número de crías entre los animales y las aguas potables contaminadas están haciendo muy difícil la supervivencia de las personas.
 
En total 30 000 personas han sido afectadas, especialmente entre las tribus indígenas de Cofan, Secoya y Siona, que han vivido en Oriente durante miles de años en armonía con la naturaleza y que, tras tres décadas de extracciones petrolíferas, se encuentran al borde de la extinción. En 1970 todavía vivían 15 000 indígenas Cofan en Oriente, pero hoy son menos de cien??
Desde 1993 diversas organizaciones en Ecuador han demandado a la empresa Texaco, ahora Chevron-Texaco. La compañía debería limpiar los 339 depósitos y usar las antiguas torres de perforación para enterrar el contenido tóxico, además de pagar una compensación económica a la población y financiar proyectos de desarrollo sostenible. Según los expertos, se estima que los gastos para Texaco ascenderían a unos mil millones de dólares, cantidad que no está dispuesta a pagar la compañía norteamericana.
La petrolera no niega el daño medioambiental derivado de los materiales tóxicos, pero se remite a la Ley ecuatoriana del momento, a la que se atenían los estándares industriales. A pesar de esto, las pruebas contra la gigante petrolera son contundentes. En un intento desesperado de evitar la demanda, Texaco firmó en 1995 con el corrupto Gobierno ecuatoriano vigente un "Acuerdo de limpieza".
Los depósitos tóxicos serían enterrados y la petrolera se implicaría en el proyecto con 30 millones de dólares. Así, 140 de los 541 depósitos en total fueron cubiertos, aunque, debido a la lluvia, en poco tiempo el contenido tóxico salió de nuevo a la superficie.
 
En la cuenca del Amazonas, diversos habitantes fueron afectados por la contaminación. Los pueblos indígenas tienen reivindicaciones diferentes a las de los colonizadores que llegaron a Oriente durante el boom del petróleo, así que hay diferentes grupos que demandan a la petrolera, aunque la diversidad no siempre es buena para el éxito.
Además de todo esto, había también debates sobre la responsabilidad. Los demandantes querían llevar a Texaco ante los tribunales norteamericanos por diversas razones: el derecho ecuatoriano no reconocía las demandas colectivas; Texaco no estaba sujeta a las leyes ecuatorianas cuando los hechos y Texpet, la compañía afiliada que trabajaba en Ecuador no disponía de capital suficiente para indemnizar en el caso de que así fallara el veredicto.
Finalmente en agosto de 2002 el tribunal estadounidense desestimó la acusación por falta de responsabilidad. Ahora el proceso va a ser disputado en tierras ecuatorianas.
Los cinco mil millones de dólares que se ahorraron se topan ahora con una demanda de mil millones de dólares: incluso con un veredicto adverso, Chevron-Texaco saldrá victoriosa del sucio negocio del petróleo.

Tras las huellas de las petroleras

para ver las fotos de la región de Lago Agrio

 
Piscina toxica
Piscina toxica
Oleoducto
Oleoducto delante de la puerta
 
 
 
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