La sucia ciudad del petróleo Lago Agrio al noroeste de Ecuador no cuenta realmente para los Highlights turísticos del país. La vida gira en torno al oro negro: el petróleo.
Las gasolineras, vehículos de construcción, talleres y los tubos negros del oleoducto estampan la imagen de la ciudad.
En la calle ampliada, seguimos los numerosos tubos gruesos y finos en dirección oeste hasta las zonas de extracción. Lo que los pequeños letreros que encontramos cada 50 metros a un lado de la calle significan, es lo que quiere saber una participante del Reality- Tour de Global Exchange.
Advierten contra el suelo contaminado, aclara sin extenderse el copiloto Álvaro. El petróleo desbordado y otras substancias tóxicas contaminan alrededor de Lago Agrio una gran superficie de tierra.
La organización americana Global Exchange organiza Tours a escala mundial en zonas que son recomendadas por la política exterior americana o en el extranjero, por empresas económicas activas en la necesidad social.
Con esto cuenta el rico país en petróleo Ecuador al igual que la sancionada económicamente comunista Cuba. Grupos empresariales petrolíferos americanos, como en el pasado Texaco u hoy en día Occidental, extraen petróleo de los estados de los Andes en la ribera del Amazonas.
Después de tres décadas de explotación de los recursos, los daños ecológicos son por todas partes visibles. La gente joven interesada del lugar puede informarse sobre el mencionado Reality- Tour y hablar con organizaciones ecológicas y gente afectada.
Dejamos entretanto la calle ampliada y seguimos un camino estrecho y pedregoso dirección Sushufindi, una ciudad alejada que se originó en la época del boom del petróleo.
El oleoducto es nuestro permanente acompañante. Unas veces a la derecha, otras veces a la izquierda de la calle emerge el tubo negro del tupido matorral y poco después vuelve a desaparecer en el matorral.
"Texaco alargó las calles hasta las entonces inafectadas regiones para poder trasladar los tubos del oleoducto. Con la calle vinieron los colonos. Quien utilizaba el bosque con fines agrícolas, recibió la tierra transferida por el estado." Dice David, jefe del Reality- Tour, desde el asiento delantero.
Las pequeñas casas de madera de los agricultores se encuentran a menudo justo detrás de los tubos. No todos han escogido voluntariamente estos vecinos. Nos paramos a mitad del trayecto en una pequeña cabaña de madera.
Pedro es agricultor y vive con su familia desde hace 20 años junto a los tubos. A lo lejos se puede oír un sordo retumbar. "La refinadora" responde el menudo viejo hombre a nuestras miradas curiosas. "Cada día aquí es lo mismo, ya casi no lo escuchamos más."
En el camino a su modesta casa, seis tubos negros cruzan la entrada. Transportan el crudo desde las torres apartadas hasta la vecina refinadora. Bajo los pies, los tubos vibran bajo alta presión y se puede claramente sentir el calor irradiado bajo las suelas de los zapatos.
"Tengo problemas con mis campos" continua Pedro. "Las bananas y el yuka ya no crecen como antes. Ya no puedo vender el café que cultivo. Todo está contaminado. El suelo, el agua y animales tampoco hay casi ya." El origen del mal estado de sus tierras no está muy lejos.
Después de unos 20 minutos de marcha a pie a través de las pequeñas plantaciones y de los espesos matorrales, se abre inesperado ante nosotros un claro en el que se encuentra un gran AUFFANGBECKEN, de unos 30 por 50 metros.
Se trata de una de las 339 herencias tóxicas de Texaco. El estanque de petróleo brilla de color negro azabache bajo el sol picante y ambos altos QUEMADORES/ MECHEROS se reflejan de forma horripilante en la mezcla mortal.
Los bordes del estanque están cubiertos por innumerables insectos muertos. Con las lluvias fuertes, el estanque se desborda. La mezcla de petróleo y residuos tóxicos se extiende en el entorno y en los campos de Pedro. Al igual que a este padre de seis hijos le ocurre a mucha gente en la provincia de Sucumbio en la frontera colombiana. Las enfermedades y los beneficios agrícolas a la baja dificultan la vida de los agricultores.
Nos encontramos en el camino hacia Limoncocha, una reserva nacional en el Río Napo. Toda la región pertenece al Bloque 15, la zona oficial donde se produce y extrae el petróleo de la empresa americana Occidental.
Somos esperados por los responsables de la empresa. Occidental va a explicar en un acto informativo las tecnologías empleadas y hablará con el pueblo sobre el trabajo en común.
Los pases de los 16 pasajeros del bús son minuciosamente controlados por el portero vigilante y comparados con la lista de las personas apuntadas. Sólo aquel que con anterioridad se inscribió, puede pasar.
En 1996, como primera empresa petrolífera en Ecuador, Occidental obtuvo de la organización noruega DNSV un certificado ecológico.
Las substancias nocivas que Texaco en su tiempo virtió sin cuidado en numerosas corrientes de agua o que almacenó en abiertos AUFFANGBECKEN, son ahora preparados con la más actualizada técnica. Los restos de petróleo y gases son redirigidos como suministradores de energía en procesos de refinado y el agua salada tóxica es vertida a una profundidad de 3000 metros.
Occidental intenta reducir la considerable infraestructura en un espacio mínimo. De esta manera, son instalados sobre una pequeña plataforma hasta siete torres que a continuación perforan hacia abajo, en diagonal para poder alcanzar diferentes campos que contengan petróleo.
Occidental está especialmente orgullosa de su buen trabajo en común con las comunidades indígenas que viven en el Bloque 15.
Conjuntamente con los Secoya trabajan los empleados del gigantesco proyecto de desarrollo del petróleo para las comunidades. De tal forma, centros de salud, colegios y abastecimiento de agua fueron por Occidental planeados, financiados y junto con los Secoya realizados. Además, la formación continua ofrecida a los carpinteros y mecánicos permite a los indígenas encontrar un trabajo en el ahora abierto mundo industrial. En comparación con Texaco, que desde 1964 hasta 1993 explotó los recursos sin la cooperación de las comunidades, esto representa un gran avance.
Otras empresas petrolíferas activas en Ecuador no son tan cooperativas como la empresa de Los Ángeles.
No obstante, las comunidades indígenas son despojados de su sobreviviente estilo de vida. Antes, los Secoya, Shuar, Cofan y Quichua vivían aislados de la civilización en la selva virgen del Río Napo. En el curso de la industrialización, el número de Cofan se ha reducido a unos pocos centenares de personas.
La conservación de esta cultura está seriamente en peligro. Que los Secoya y otros grupos indígenas quieran realmente acceso a internet proporcionado por Occidente y que les gustaría trabajar para las sociedades petrolíferas como mecánicos, parece más que dudoso según las conversaciones con personas afectadas.
Después de dos horas de viaje en barco por el Río Napo, llegamos a la ciudad Coca en el Bloque 14. En el antiguo territorio de Texaco, la empresa estatal Petroecuador extrae petróleo desde hace diez años. Somos invitados a un acto informativo de los Quichua en San Carlos.
José Luis es científico de medio ambiente y viene de un pueblo de 480 habitantes. Está involucrado en un pleito contra Chevron- Texaco y presenta duras acusaciones contra la empresa americana. "Texaco ha envenenado durante décadas el agua y el suelo sobre el que nosotros los Quichua vivimos desde hace siglos. Mucha gente aquí vive de la pesca. Antaño había mucha pesca, tanta que un pescador traía a casa en un día hasta 300 kilos de pescado. Hoy la pesca ya no es suficiente para alimentarse y vender una parte en el mercado." Según estimaciones, la riqueza de pescado del Río Napo se ha reducido en los últimos 25 años en un 80%.
Como en las proximidades de Lago Agrio, las plantas tampoco crecen aquí. El yuka, el arroz, los plátanos y el cacao se venden mal en el mercado. Junto con los problemas económicos y de salud, los Quichua ven destruida también su identidad cultural. "Los colonos vinieron con las nuevas calles y trajeron a los Quichua el alcohol. En las comunidades indígenas se produjeron tensiones sociales. En todo el Bloque, la prostitución se ha convertido en un gran problema."
José Luis espera finalmente del juicio atrasado contra Chevron- Texaco indemnizaciones y reparaciones.
"Texaco tiene que eliminar las piscinas tóxicas, establecer centros de salud y pagar indemnizaciones a las muchas personas enfermas."
Según su opinión, las comunidades indígenas no pueden emplear la suma de dinero acordada en caso de un triunfo en el juicio óptimamente para un proyecto de desarrollo duradero. "La gente no puede manejar tanto dinero. Se comprarán barcos con motores potentes y gastarán mucho dinero en alcohol y fiesta. El dinero en efectivo de hoy, significa para nosotros la pobreza de mañana."
Él desea, a pesar de todo, el apoyo de las empresas petrolíferas para la realización de proyectos de silvicultura o la cría de pollos y cerdos.
En el Bloque 15, Occidental va con su cooperativo trabajo en común por el camino correcto. Si también las otras empresas petrolíferas ayudarán en un futuro a las comunidades indígenas y a los colonos a construir un futuro económico en la ribera contaminada del Amazonas, está por ver. La salida de la querella Chevron- Texaco influenciará el camino.
José Luis profetiza un futuro sombrío a los Quichua sin un proyecto de desarrollo. "Que pasará cuando no haya más petróleo, cuando los ríos estén contaminados, cuando las empresas dejen la tierra explotada y contaminada y nosotros (los indígenas) no tengamos entonces una perspectiva económica duradera?"
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