Las graves consecuencias ecológicas de la cría industrial del camarón en los países tropicales son patentes en todo el planeta. La tala de los manglares tiene efectos perjudiciales de gran alcance sobre el ecosistema marino y amenaza el medio de vida de muchas especies animales.
Las organizaciones ecologistas reivindican, por ello, desde hace mucho tiempo un cambio de actitud por parte de la industria camaronera, puesto que, a largo plazo, los granjeros destruirán su propia base económica debido a la explotación despiadada de las franjas costeras.
A la larga, sólo la utilización sostenible de los recursos naturales puede mantener con vida la industria camaronera y, sobre todo, proteger unos biotopos de extrema importancia desde el punto de vista ecológico.
La asociación ecologista alemana "Naturland- Verband für naturgemäßen Landbau e.V." redactó en 1999 unas normas para los cultivos acuícolas. Utilizar los recursos naturales de manera sostenible implica para los criaderos de gambas adaptar en la mayor medida posible la producción de crustáceos a las condiciones de vida naturales de los manglares.
Los bosques de mangle desempeñan un papel clave en la cadena alimenticia.
Al contrario de lo que ocurre en las piscinas estériles de los criaderos industriales, en los estanques acuícolas deben crecer los manglares para conservar el medio ambiente. Por ello, estas directrices establecen que los manglares talados para favorecer la cría deben ser reforestados, como mínimo en un 50%, en un período de tiempo fijado en cinco años. Naturland recibirá informes sobre los progresos anuales.
Las reservas cercanas de manglares se ven perjudicadas frecuentemente por el intercambio constante de aguas en las piscinas. El efluente transporta grandes cantidades de amoníaco, fosfatos, pesticidas y restos de nutrientes al ecosistema, causando así altos niveles de contaminación. Tomando las medidas adecuadas, la contaminación por sustancias en suspensión de los terrenos circundantes puede reducirse considerablemente, en especial, las sustancias nutrientes que se acumulan en las piscinas como sedimentos y que, gracias al drenaje controlado de los estanques, pueden ser retenidas y, a continuación, sometidas a un proceso adecuado de reutilización. Antes del drenaje, la calidad del agua debe ser controlada continuamente.
Otras medidas que ayudan también a conservar, al menos en parte, el ecosistema en las superficies de cría son la repoblación de los diques que separan los estanques con vegetación, la cría de patos y la protección de especies autóctonas. Y es que muchas especies animales tienen una estrecha relación alimenticia con los manglares, una cadena en la que también se incluye el camarón. Cuanto más se adapten las actividades de cría a las condiciones naturales de vida, mejor se podrán neutralizar los efectos nocivos del monocultivo. En este sentido, la densidad de la población de crustáceos en los estanques juega un papel esencial. Las directrices de Naturland establecen una población de un máximo de 20 camarones por metro cuadrado.
La cría industrial del camarón se sirve de generaciones de crustáceos que han crecido en el mar para repoblar las piscinas tras la recolección. Para pescar las larvas son necesarias redes de malla muy fina, gracias a las cuales, además de la descendencia de los camarones silvestres, queda atrapada en las redes una multitud de peces, larvas y otras especies habitantes del mar. El objetivo de estas directrices es la reducción paulatina de la extracción de recursos naturales. El entorno natural de los criaderos debe contribuir a la recría controlada.
Una alimentación especial estimula el comportamiento reproductivo de los animales de criadero. Para ello, se debe procurar que el mayor porcentaje posible de los alimentos utilizados proceda de la producción propia de los estanques (fotoplancton y zooplancton). De esta manera, se puede reducir de manera considerable el alto porcentaje de harinas de pescado usado normalmente por la industria camaronera, que supera el 50%.
Asimismo, las pautas propuestas por Naturland ponen de relieve los aspectos sociales de la cría del camarón. En la cría industrial se contrata a pocas personas y a cambio de salarios muy bajos. A los pescadores locales se les prohíbe frecuentemente el acceso a las aguas naturales colindantes. Naturland reivindica una remuneración adaptada a la situación económica, según los estándares sociales de la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM). Además, los trabajadores deben recibir una formación sobre los fundamentos de la acuicultura ecológica.
Naturland proyecta publicar las directrices para la acuicultura ecológica en su página web. Aquí encontrará un enlace con el archivo en formato PDF.
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