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Islas Galápagos

Hace alrededor de 5 millones de años, a 1000 km de distancia de la costa pacífica de Sudamérica, el mar empezó a hervir. Los volcanes sobresalían sobresalieron del mar. Durante las violentas erupciones se liberaron lava, rocas y cenizas.
Al principio, las islas volcánicas eran un desierto sin ningún tipo de vida. Pero apenas se enfrió la lava, los primeros colonizadores poblaron el nuevo espacio vital.
Muchas plantas fueron transportadas por el viento desde la lejana tierra firme. Las esporas de musgos, helechos y semillas de plantas superiores se contaron entre los primeros pobladores.

Otros colonizadores llegaron a las islas por mar. Leones marinos y tortugas conquistaron el apartado archipiélago gracias a sus incursiones por el pacífico. Diversos tipos de animales como los lagartos marinos hallaron el camino a caballo de portadores como por ejemplo troncos flotantes. La mayoría de las plantas llegaron al archipiélago a ciegas, entre el plumaje de los pájaros marinos.
 
La colonización duró miles de años. Cada 10.000 años aproximadamente, una especie conseguía establecerse de forma permanente. Como consecuencia del aislamiento geográfico, se desarrollaron subespecies a partir de los colonizadores que se habían adaptado a las especiales condiciones de vida. Así se explica porqué en las Galápagos se descubrieron tantas especies animales y vegetales endémicas. Un 50% de su flora se encuentra solamente en estas islas pacíficas.

Con la llegada del hombre se aceleró la colonización.
Pescadores y colonos trajeron con ellos animales domésticos. Cerdos, cabras, perros y asnos se asilvestraron y se convirtieron en parte de la fauna autóctona. Otros intrusos como la rata común llegaron por casualidad a la apartada región.
Todos ellos influyen en la flora y fauna original de forma duradera. Mientras la rata se ha especializado en la caza de huevos de tortugas, los cerdos y las cabras causan grandes daños en los campos y reducen la oferta alimentaria de las especies autóctonas. Éstas no pueden aguantar la repentina presión evolutiva.

Desde que en 1962 se abrió la estación Charles Darwin en la isla de Santa Cruz, los científicos luchan por la preservación de la fauna endémica. Programas de protección y de crianza deberían intentarán preservar a la larga la población en peligro. Así se pudo estabilizar la población de varias especies de tortugas en peligro de extinción.
La lucha contra los animales introducidos, como hormigas de fuego, perros, ratas y cabras es en parte satisfactoria. Mientras tanto, la colonización humana continua y, con ella, nuevos huéspedes llegan a las islas del pacífico. Unas 50 nuevas especies son descubiertas anualmente, lo cual, a pesar de las campañas informativas y las intensas medidas de protección, no se puede evitar. Así, la lucha por la preservación de la flora y fauna originaria parece ser una empresa imposible.

Como el hecho de que, desde hace 30 años, se está buscando una pareja para George, la última tortuga macho de la isla Pinta...

 
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